A Golpe de Corazón

Cada historia son pequeños latidos de tiempo, lo vives y si tienes mucha suerte lo puedes repetir.

Volver, sobre este momento, vivirlo nuevamente, es un gran regalo.

Hace ya mucho tiempo, o quizás fue ayer, fui un gran luchador por la libertad. También era un vaquero y Marino audaz, cada una de ellas peligrosas vidas, que duraban entre el almuerzo y la once. Tiempo infinito en que salia corriendo por lo que sería la más grande aventura de mi vida.

 

Mi vida se mantenía en un constante riesgo, las aventuras eran pan de cada día, la ley Matar o Morir.

Mi madre siempre entendió todo. El ritual (solo si me comía toda la comida) era en silencio, yo la miraba con esa cara recia que pone un aventurero, mostrando  el plato casi vacio, las lechugas como satélites poblaban la orilla del plato.

Ella iba al cajón de los servicios y sacaba de ahí mi Cuchillo Personal, tenía unos 25 cm, de pulido plaqué y puntas redondeadas. Los infieles de mis hermanos lo usaban para poner mantequilla al pan, pero eso es porque nunca se les fue revelado su poder.

Antes de salir me decía, que lo que tenía era una gran responsabilidad, acto seguido me pasa mi cuchillo, era el mejor de Los Cuichillos, me permitia defenderme de toda clase de monstruos que vivían escondidos entre las ramas, sobre las piedras a la orilla del mar. Sin ir más lejos, al salir de la casa para llegar a la calle, tenía que luchar al menos con una feroz mata de aloe vera, sus brazos  llenos de espinas me esperan siempre gustosos de una pelea.

En esos tiempos me manejaba cuchillo en la cintura, en el lado derecho afirmado por el elástico de un pantalón de lana azul que me había tejido mi mamá. La gracia de ese pantalón era el elástico ancho en la cintura. Supongo tendría uno 3 a 4 años cuando mucho y antes de salir a jugar.

Hace poco comencé a ver un programa en el cable “ Desafío sobre fuego” Maestros artesanos compiten por crear un cuchillo de forja.

Hay muchas máquinas, fuego y metales al rojo vivo que por la magia de golpe de martillo se transforman en piezas de arte que relucen en pantalla.

 

Un día me pregunté si en Chile existían herreros, maestros de la forja o artesanos que rescaten el oficio de hacer cuchillos a mano. El camino no es fácil pero lo logré, hay una seris de enamorados de este arte que continuan trabajando sus piezas, salidas del acero, a golpe y con una destreza admirable dan vida a una pieza de fierro o algún acero. En sus manos discos de corte y amortiguadores de vehiculos se transforman en tesoros.

Mirando los cuchillos que se hacen a mano en Chile me encontré con el trabajo que hace Miguel Angel Sanhueza. El es agrónomo de la Universidad Católica, y lo que parecía un futuro definido, se tornó difuso de en un momento a otro, una lesión lo llevo a una larga recuperación y luego a la falta de empleo.

Cuando la vida te juega duro, muchas veces es que te está avisando que todo lo anterior solo fue una pausa, hay momentos en que te toma y te dice, ud amigo esta acá para forjar la felicidad de otros a Golpe de Corazón.

Así nuestro Miguel Angel (es un artista este tio) se reencontro con el oficio de su abuelo, quien hacía sus propios cuchillos y está claro, Miguel heredó el oficio, elevandolo a categoría de arte. De sus manos nacen hoy piezas únicas e irrepetibles, llenas de pasión.

 

Muy lejos está él de las lujosas maquinarias de los gringos. Martillo y yunque, una fragua tán básica, tan perfectamente rústica que le entrega la escencia, pone los metales al rojo y Miguel hace el resto, martilla y templa, recoce lima lija, pule, Crea.

Cuando vi su trabajo, pense en mi familia, volví a al amor de mi madre y su capacidad de jugar. Ahora grande me la imagino viendome salir desde la ventana, de seguro se reia cómplice al verme partir entre las plantas. Mire en silencio la fotografía de los trabajos de Miguel Angel, hasta que me decidí, lo llamé y hablamos largo, chat y fotografias fueron el punto de partida. Me decidí y le pedí que me hiciera dos cuchillos hermanos, iguales pero distintos, uno para mi hermano a quien amo entrañablemente y el otro para mi.

 

La pieza que nació fue un RaptorGado, personalizado hasta el último detalle. Tiene rompevidrio trasero y un pasador para cordón, texturizado y en acero con carbono. Es un cuchillo lejos de los inoxidables, si no lo pulo y lo cuido se oxidará. Su filo feróz lo alimento con cuidado, rudo y hermoso. Sin duda en esto se convertía en mis manos, a los 4 años el cuchillo que mi madre me confiaba, de ferocidad total, que con su sola pesencia logra imponer respeto.

 

No tengo claro si Miguel Angel podrá entender el tremendo regalo en cadena que forjó. Hoy en mis manos su cuchillo, mi cuchillo, en las manos de mi hermano mi cariño inmenso y la seguridad que algún día sin darse cuenta alguien lo encontrará medio oxidado y dirá este es el cuchillo que el viejo pulia, le sacará brillo y será suyo.

 

Uno quiere repetir los momentos buenos, tratas de retener los tiempos hermosos, esos en qué mi madre entendía todo, me apoya en mis locuras, ella sabía que en el momento en que el cuchillo llegaba a mi cintura, era el arma mortal para un aventurero tan grande como yo.

La vida pasa y se crea A Golpe de Corazón.

 

Christian Vargas

@encargado

encargado.cl@gmail.com

 

Miguel Angel Sanhueza [ Forjador de Sueños ]

Cuchillos Yensen

 

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